¿Se puede cambiar el sentido de las manecillas del reloj?

¿Se puede cambiar el sentido de las manecillas del reloj?

Escrita por: Julián Roa, coordinador de proyectos.

La presente semana estuvo marcada por dos eventos clave: la publicación de los datos del crecimiento del PIB de 2025 y las manifestaciones a favor del incremento del salario mínimo. Eventos cuya conexión vale la pena explorar.

El PIB de 2025 creció 2,6%, una cifra que, aunque dentro del rango proyectado, se situó por debajo de 2,8% esperado por el mercado. Este desfase se explica por revisiones estadísticas del Dane y, principalmente, por una preocupante caída en la inversión en maquinaria y equipo, que opacó el buen desempeño del consumo de los hogares (3,6%) y el repunte en la inversión en vivienda. Sobre el colapso de la inversión, principal móvil de la caída de la demanda en el último trimestre, se pueden anotar dos hipótesis no mutuamente excluyentes. Por un lado, como la inflación no cedió a finales del año pasado, se anticiparon movimientos al alza en la tasa de interés que frenaron el impulso inversor. Por otro lado, la incertidumbre política se intensificó tras las encuestas de noviembre que mostraron como líder a Iván Cepeda. La ambigüedad respecto a la seguridad jurídica y las señales sobre profundización de reformas parecen haber extendido el compás de espera de los inversionistas, que podrían preferir activos líquidos antes que comprometer capital en maquinaria.

Por su parte, las marchas en apoyo al decreto del salario mínimo ponen énfasis en la cuestión redistributiva. El presidente y varios de sus allegados consideran que estos incrementos buscan mejorar la condición de vida de los trabajadores aumentando su consumo y que, de acuerdo con el ministro de Educación, Daniel Rojas Medellín, han logrado aumentar la proporción de la masa salarial en el PIB, repartiendo mejor la torta. La teoría de cambio es que, vía estos incrementos, se mejora la posición de negociación de los trabajadores y estos pueden tener una mayor participación en el PIB. Por ello, se redobló este año con un incremento tan alto. Adicionalmente, la suspensión del decreto agitó la situación y permitió al Gobierno hablar de manera explícita del conflicto de clases.

Pero ¿puede esta apuesta funcionar? ¿Se puede crecer sosteniblemente de esta forma? La respuesta depende de cómo giran las manecillas de la economía colombiana en el plano cartesiano distribución-empleo. El debate tiene dos polos. En el modelo de Goodwin (1967), el ciclo gira en el sentido de las manecillas del reloj: la inversión eleva el empleo, los trabajadores ganan poder de negociación y la masa salarial sube como proporción del PIB, pero eso comprime márgenes, frena la inversión, el empleo cae, los márgenes se recuperan y el ciclo reinicia. En este tipo de economías, el motor es la reinversión de los beneficios de las empresas, una economía jalonada por los beneficios. Bhaduri y Marglin (1990) mostraron que las manecillas pueden girar al revés: si los trabajadores consumen proporcionalmente más que los capitalistas, el alza salarial impulsa la demanda, la mayor demanda eleva la producción, la inversión y el empleo, y el ciclo se sostiene en sentido contrario. En este tipo de economías, el motor es el gasto de consumo de los trabajadores, es decir, una economía jalonada por los salarios. Cuál régimen opera no es una ley universal; depende de la estructura productiva de cada país. La respuesta es empírica.

Las gráficas adjuntas muestran la trayectoria colombiana en tres periodos. En 1984-2000, incluyendo la fase proteccionista y la apertura, el patrón predominante es en sentido horario. En 2001-2019 se repite, aunque con ciertos chirridos al inicio del siglo. En 2019-2025, el covid distorsiona el tic-tac, pero la recuperación traza nuevamente sentido horario, y el dato de 2025 muestra empleo estabilizado pero una masa salarial que no ha aumentado como la retórica oficial sugeriría. Lo relevante es la persistencia: el patrón aparece antes de la inflación objetivo (1999) y antes de la apertura, lo que sugiere que el crecimiento jalonado por beneficios tiene raíces estructurales.

Si esto es así, jalonar el crecimiento vía salarios por encima de la productividad es ir a contraritmo. Los mayores costos comprimen márgenes, la inversión cae, el potencial se reduce y la inflación absorbe parte del aumento. El crecimiento del PIB potencial ha bajado de 3,5% a entre 2,5% y 3,0%, con la inversión estancada en 16% del PIB. Ante la baja inversión y la pérdida de capacidad productiva, los incrementos salariales se trasladan a precios o a deterioro de la balanza comercial. Si bien es pronto para medir el efecto completo, el dato de enero no contradijo a quienes pronostican inflación en niveles de 6% o 7%. El deterioro en la balanza comercial, ya bastante negativa en 2025, se va a profundizar en 2026. La tradición poskaleckiana que el Gobierno invoca implícitamente es clara en algo que suele omitirse: la transición de una economía jalonada por beneficios a una jalonada por los salarios no se logra con política salarial sino con transformación productiva, es decir, transformando la estructura de la economía.

Eso significa diversificación productiva, formalización laboral que amplíe la cobertura de los incrementos salariales, inversión en capacidades tecnológicas que eleven la productividad y un sector de servicios de alto valor. Son reformas de largo plazo, no decretos de fin de año.

Corea del Sur intentó este camino bajo Moon Jae-in en 2017, con incrementos agresivos del salario mínimo, y el experimento, si bien no fue un desastre, tampoco salió bien. En Colombia, además de los incrementos salariales, en este Gobierno se ha intentado una diversificación productiva. El giro de Ecopetrol podría verse como un intento de dicha transformación estructural. Pero la señal al mercado no fue diversificación coherente sino incertidumbre, y el resultado es que ni se transforma la estructura ni se preserva la rentabilidad existente.

Hoy el ingreso por remesas supera al petróleo y al café, pero no porque se haya diversificado la estructura productiva sino porque se impidió el crecimiento de las exportaciones minero-energéticas. Así, pareciera que el Gobierno ha intentado cambiar el sentido de las manecillas del reloj. El objetivo discursivo es legítimo: un crecimiento más inclusivo, pero cuatro décadas de datos sugieren que esa vía tal vez no sea la más adecuada, dada la estructura productiva del país, que no se cambia tan rápido.

Así, la economía colombiana enfrenta en las elecciones dos caminos. O escoge continuar intentando invertir las manecillas del reloj, o puede dejar que el reloj siga su curso. Pero no basta con dejar que vuelva a su ritmo natural, sino con mejorar el reloj.

Eso requiere menos decretos de choque y más políticas de largo aliento que aumenten la productividad y permitan una mayor inversión. Solo así el tic-tac de la economía dejará de ser una cuenta regresiva hacia el estancamiento y una mayor inflación, para convertirse en el ritmo de un desarrollo sostenible.

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Colombia, no dejemos de ser la Meca de datos y la evaluación en…

Colombia, no dejemos de ser la Meca de datos y la evaluación en América Latina

Escrita por: Carolina Latorre, Socia y Directora de proyectos.

Recientemente, Econometría Consultores participó en la evaluación de impacto del Programa de Innovación en Empresas (Proinnova) en Paraguay, donde, con orgullo, constatamos que Colombia es referenciada como la “meca de los datos y la evaluación” en América Latina.

En la revisión de la información pública disponible sobre variables clave para medir mejoras en productividad empresarial, identificamos que no todos los países de la región cuentan con información tan nutrida y actualizada como la de Colombia y que, además, buena parte de estos datos se presenta en sistemas eficientes y de fácil acceso.

Colombia, a través de su principal entidad de información oficial, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), produce datos en 22 temas diferentes que abarcan mercados de bienes y servicios -crecimiento económico, construcción, industria, servicios, agricultura, comercio y precios-, el mercado laboral y estadísticas de innovación, tecnología y variables sociodemográficas, incluidos indicadores de pobreza, salud y educación.

A esto se suma el Banco de la República, (sus estudios técnicos) que ofrece series históricas de variables del mercado monetario como tasas de interés, agregados monetarios y crediticios, operaciones de mercado y deuda pública.

En particular, los datos de inflación y del índice de precios al consumidor están disponibles desde 1955.
Esta buena práctica de recolección, sistematización, uso y presentación de la información ha permeado a otras entidades del nivel local y regional, así como a la academia y a organizaciones de la sociedad civil.

Además, la Alcaldía de Bogotá, por ejemplo, realiza un monitoreo trimestral de la actividad económica de la ciudad con datos satelitales y de movilidad a través del Observatorio de Desarrollo Económico.
La Alcaldía de Medellín cuenta con observatorios de políticas públicas y con el Observatorio Turístico de Medellín (Otm), que recopila y analiza datos de alojamiento, transporte y eventos para avanzar hacia un modelo de destino turístico inteligente.

En la misma línea, entidades mixtas y organizaciones de la sociedad civil no solo recolectan información, sino que han estructurado áreas de investigación que producen datos, generan evidencia y documentan fenómenos sociales.

Es el caso de Profamilia, que analiza variables relacionadas con la salud sexual y reproductiva en contextos nacional e internacional, y de la Fundación Plan Internacional Colombia, que desarrolló el “Observatorio: Contando lo invisible”, con información estadística e investigaciones sobre embarazo infantil forzado, embarazo adolescente, violencia contra la niñez, adolescencia y juventud, así como matrimonios y uniones infantiles tempranas forzadas, entre otros.

La relevancia de la información y de su actualización periódica radica en su capacidad para visibilizar problemáticas, generar evidencia y sustentar decisiones estratégicas en el diseño, planeación y ajuste de políticas y programas que mejoran la calidad de vida y promueven el crecimiento económico inclusivo y sostenible. En Colombia, la evaluación de iniciativas públicas es un mandato constitucional y una buena práctica impulsada por los gobiernos.

La oficina de Sinergia del Departamento Nacional de Planeación, encargada del seguimiento y evaluación de políticas públicas estratégicas, cuenta con un repositorio de 347 evaluaciones en 23 sectores, que van desde inclusión social y reconciliación hasta ciencia, tecnología e innovación, pasando por salud, educación, defensa, cultura, comercio, vivienda y agricultura.

Estas evaluaciones se realizan desde 1997, con un promedio de 13 por año.

Sin embargo, preocupa la tendencia reciente: mientras entre 2010 y 2013 se realizaron 106 evaluaciones, y entre 2018 y 2021 se hicieron 60, en el periodo 2022-2025 la cifra cayó a 32.
De igual forma, otras entidades del Gobierno, como el Icbf, Minciencias y varios ministerios, han reducido de manera significativa sus procesos evaluativos en los últimos años.

Las prácticas de recolección de información y evaluación deben mantenerse y fortalecerse, especialmente en un país como Colombia, que ha acumulado una experiencia valiosa con impacto no solo en entidades del Gobierno nacional, sino también en gobiernos locales y en otros países de América Latina.

La continuidad de estos procesos de evidencia, análisis y reflexión es fundamental para garantizar la calidad, pertinencia, adecuada focalización y eficiencia de las intervenciones públicas y privadas, más aún en un contexto de reducción de recursos de cooperación internacional y alta volatilidad económica.
La evaluación no solo debe continuar, sino profundizarse. Persisten vacíos en el monitoreo de temas sociales, ambientales y económicos, así como de poblaciones aisladas o con baja visibilidad, cuyas necesidades no siempre están suficientemente diagnosticadas para diseñar programas eficaces. Además, existe información valiosa que, por razones administrativas o legales, no está disponible para la evaluación, lo que limita su potencial de uso. Un ejemplo es la información tributaria de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian), que permitiría evaluar el impacto de beneficios tributarios para empresas y personas naturales.

En conclusión, la generación de evidencia y las buenas prácticas de evaluación deben ser una prioridad para el próximo gobierno.

En un contexto en el que las cifras de deuda pública de Colombia sugieren la necesidad de recortes de gasto y prudencia fiscal, la evaluación puede ser una aliada clave para mejorar eficiencia y efectividad.
Los procesos evaluativos y los datos son una inversión, no un gasto: permiten mejores diagnósticos, optimizar la implementación, tomar decisiones más acertadas y de mayor impacto, y construir sobre los aprendizajes del pasado.

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2026: Una bomba de tiempo bajo fachada de estabilidad

2026: Una bomba de tiempo bajo fachada de estabilidad

Escrita por: Julián Roa, coordinador de proyectos.

2025 fue un año con un desempeño relativamente bueno, particularmente si se le compara con los dos años inmediatamente anteriores. El PIB tiene una alta probabilidad de terminar alrededor de 2,8% e incluso en 3%, lo que estuvo ligeramente por encima de lo que esperaban los analistas hace un año (2,5%) y concuerda dentro del rango que esperábamos en Econometría hace un año (2,5-3%). En cuanto al mercado laboral, sus indicadores sorprendieron bastante a los analistas: mientras que hace un año esperaban en promedio una tasa de desempleo de 10%, ésta muy posiblemente cierre alrededor de 9%. Sin embargo, a estos buenos números, se les antepone una inflación que no se disminuyó durante 2025 y, en consecuencia, unas tasas de interés aún más altas. Lo anterior tiene una explicación: el alto déficit fiscal que el Gobierno ha generado. Por su parte, 2026 es un año que continuará, en gran medida, con esta dinámica de crecimiento inflacionario jalonado por la política fiscal. Esperamos que el crecimiento del PIB esté en un rango entre 2,5% y 3,0%, por debajo de su potencial, y una inflación que cerraría alrededor del 6%-7% pero con un sesgo más alcista que bajista. Pero además de esta dinámica, existen otros fenómenos que tendrán gran relevancia en este año.

Desde lo externo, el dólar ha perdido un gran valor ante otras monedas y ha jalonado a la baja el precio del dólar en Colombia. Detrás de esto hay dos grandes factores: el deterioro institucional de Estados Unidos y su política monetaria. Respecto al primero, múltiples acciones lideradas por Donald Trump han restado credibilidad en la economía estadounidense dentro de las que se encuentran: las intervenciones en Irán, Venezuela y las intenciones expansionistas en Groenlandia y los constantes ataques a la Reserva Federal, solo por mencionar algunas. Si bien no se pueden predecir los siguientes pasos de Donald Trump, lo que sí se puede prever es que continúe sorprendiendo por lo menos hasta noviembre cuando se den las elecciones del nuevo congreso y la correlación de fuerzas en este cuerpo colegiado posiblemente cambie. Por otra parte, la política monetaria en Estados Unidos enfrenta dos grandes retos: los constantes ataques de Donald Trump a la institucionalidad incluyendo una investigación penal al presidente de la Reserva Federal Jerome Powell y el enfriamiento del mercado laboral estadounidense.

Todo lo anterior justifica una visión de devaluación del dólar ante otras monedas, y en consecuencia una revaluación de la moneda colombiana. Adicionalmente, en Colombia se han implementado una serie de medidas innovadoras que logran tres objetivos simultáneos: la financiación de un mayor gasto público, la reducción contable del déficit fiscal y la revaluación de la tasa de cambio. Se trata de la estrategia del manejo de la deuda pública de la Dirección de Crédito Público, liderada por Javier Cuéllar. A esta se le suma otra medida que redobla esta apuesta mediante el decreto del Gobierno con el que se busca repatriar una parte de los recursos que hoy están invertidos en el exterior por los fondos privados de pensiones, el cual tendrá efectos muy similares en tasa de cambio y una mayor capacidad de gasto público. Así, de acuerdo con la última encuesta de expectativas a los analistas económicos realizada por el Banco de la República, la tasa de cambio podría fluctuar entre $3.700 y $3.800 durante 2026, y si bien esta es una variable con alta incertidumbre, son pocos los analistas que ven un retorno a niveles superiores a $4.000.

De esta manera, el comportamiento de la tasa de cambio ayudará a mitigar los efectos inflacionarios del incremento del salario mínimo que implementó vía decreto el gobierno de Gustavo Petro. Esta medida es una gran fuente de incertidumbre en el escenario macroeconómico. Al revisar los pronósticos de los analistas económicos realizada por el Banco de la República en diciembre, antes de que se conociera la decisión del salario mínimo, se preveía una inflación alrededor de 4,5% para finales de 2026, y el más pesimista la veía en 5,1%. Luego de la noticia del incremento del salario mínimo la expectativa promedio de inflación a fin de 2026 se incrementó a 6,2% y el más pesimista la ve en niveles cercanos a 8%. Esto obligará al Banco de la República a subir las tasas de interés por lo menos en cerca de 200 puntos básicos.

Curiosamente, los resultados de esa misma encuesta muestran un pronóstico estable en la tasa de desempleo. En octubre de 2025, la penúltima medición de la expectativa de la tasa de desempleo para 2026, sugería que continuara en niveles estables de 9%, el más pesimista la veía en 10,5% y el más optimista en 8,1%. Luego de la noticia del incremento del salario mínimo en un 23,7%, y un incremento real de 17,3%, la última medición muestra que se conserva una expectativa similar. Lo anterior puede resultar sorpresivo dada la alta insistencia de algunos opositores a esta medida por sus efectos lesivos en el empleo. Sin embargo, esta quietud en el pronóstico no quiere decir que le mercado laboral se quede quieto, sino que el ajuste se dará en la tasa de empleos formales y no necesariamente en la tasa de desempleo. Esto además refleja que, en los últimos dos años, en donde el gobierno subió el mínimo por encima de lo usual y la tasa de desempleo no cambio de manera significativa. Adicionalmente, la ausencia de efectos del salario mínimo en la tasa de desempleo se encuentra soportada en estudios empíricos recientes, en donde se muestra que los efectos del salario mínimo pueden ser lesivos para la formalidad, pero no para el empleo total. Sin embargo, vale la pena hacer una advertencia: la economía colombiana no ha enfrentado un choque tan alto en términos del salario mínimo, y al no tener un dato similar, las extrapolaciones econométricas pueden no ser tan confiables. Adicionalmente, la economía está llena de fenómenos no lineales, por lo que es posible que los próximos datos obliguen a una actualización al alza en el pronóstico de esta variable.

A grandes rasgos la economía parece que tendrá un 2026 estable. Sin embargo, detrás de esta aparentemente buena situación lo que se está fabricando es una bomba de tiempo fiscal sin precedentes en la economía colombiana. Adicionalmente, todas estas medidas han frenado la inversión en el país, lo que hace que el crecimiento en el futuro no puede ser tan alto. La elección presidencial se vuelve así un evento decisivo para el futuro de la economía colombiana. El perfil que se requiere de parte del próximo presidente y de los ministros entrantes es supremamente exigente ante el reto que les corresponde afrontar. Sorprende que ante el tamaño de tal reto haya tantas personas aparentemente dispuestas a afrontarlo.

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Cuando el Espacio Público es el espejo, no el problema

Cuando el Espacio Público es el espejo, no el problema

Escrita por: Leonel Miranda - Experto Aliado.

Según la encuesta de percepción ciudadana de Bogotá Como Vamos, en el año 2025 solamente el 14,91% de los ciudadanos se siente satisfecho con el cuidado del espacio público de su barrio, y el 35,9% con el estado de los andenes. Históricamente, los bogotanos tienen una satisfacción con su vivienda entre el 75% y 80%, mientras que respecto a los espacios públicos, la satisfacción oscila entre el 35% y 40% (Encuestas Bogotá Como Vamos 2023, 2024 y 2025).

Simultáneamente, Bogotá recibió 524.000 metros cuadrados de espacio público por cesión de urbanizadores y constructores (Dadpep, 2025), y en la anterior administración se recuperaron 4 millones de metros cuadrados mediante procesos de restitución, acciones judiciales y entregas voluntarias.

Estos datos revelan dos paradojas: por un lado, la administración despliega enormes esfuerzos institucionales, logísticos y operativos para producir y recuperar sus espacios públicos, pero la ciudadanía percibe que su estado es insatisfactorio. Y por otro lado, las personas aprecian más su espacio privado que el espacio público de la ciudad. Cuando esto sucede, una ciudad no es una ciudad plena, es solo una aglomeración.

Por definición, lo público es aquello que no está oculto. En términos urbanísticos, este concepto se expresa en los espacios públicos, que se pueden definir como el conjunto de lugares, infraestructuras, elementos naturales y construidos que son accesibles para todos, sin distinción de su condición individual. Se puede decir que una ciudad es tan democrática, diversa e incluyente como lo son sus espacios públicos. Como lo señala Jünger Habermas “La ciudad es el espacio público donde la sociedad se fotografía, el poder se hace visible y se materializa el simbolismo colectivo”.

Ayudar a comprender estos fenómenos, en los que la realidad percibida no coincide con la realidad institucional, es uno de los retos de la evaluación de políticas públicas, cuyos métodos y orientaciones no tienen correspondencia inmediata con las percepciones colectivas y no tienen suficiente aprecio y legitimidad.

Ese es uno de los retos que se derivan del análisis de sistemas complejos como las ciudades y la necesidad de tener enfoques comprensivos de la realidad y sus problemas emergentes.

En el caso del espacio público, un estudio realizado por Econometría para la Secretaría Distrital de Planeación sobre la política de recuperación del espacio público en Bogotá, ha permitido comprender que nuestras ciudades han tenido avances valiosos en la conceptualización y desarrollo de políticas y modelos de gestión integral del espacio público. En Bogotá, las primeras políticas se enunciaron en el marco del plan estratégico realizado en la década de los noventa, bajo iniciativa de la Cámara de Comercio y universidades, con un enfoque orientado a la competitividad urbana. Posteriormente, se consolidó un marco institucional, presente en el POT de Bogotá de 1997, políticas e instrumentos que permitieron conformar un esquema complejo de acciones, con énfasis en la generación, recuperación y sostenibilidad.

Hoy sin embargo, estas acciones se perciben como insuficientes frente a dinámicas de ocupación, uso y conflictos en el espacio público, que desbordan capacidades institucionales y cuya comprensión obliga a estudiar opciones alternativas a las tradicionales actividades de recuperación y gestión defensiva de nuestros lugares comunes.

La primera condición es aceptar que con el espacio público pasa algo parecido a ciertas enfermedades dermatológicas, que se manifiestan en la piel, pero su origen y causas provienen de disfuncionalidades internas del organismo, en este caso, la ciudad y la sociedad. La congestión, la contaminación, la informalidad, la desigualdad, la presencia de basuras, la intolerancia son patologías que se manifiestan en el exterior, pero su tratamiento amerita intervenciones profundas en aspectos como economía informal, cultura ciudadana, modelos de negocio sin economía circular, dependencia del transporte particular, regionalización y ausencia de gobernanza urbana.

En segundo término, conviene revisar las políticas públicas, tanto nacionales como locales, que se han concentrado en resolver un déficit cuantitativo de espacio público material y la recuperación centrada en la acción policiva, mediante operativos de restitución con altos costos logísticos, conflictos sociales y juegos del gato y el ratón entre autoridades e infractores. La calidad del espacio público y la diversidad de sus usos, son criterios que aún requieren ser desarrollados en mecanismos de gobernanza que recojan iniciativas y prácticas sociales, privadas y comunitarias.

Es hora de revisar la meta recurrente de llegar a tener entre 10 y 15 metros cuadrados de espacio público por habitante. En los casos más exitosos, se ha llegado a un estándar de 4 metros cuadrados por habitante, con altos costos en inversión pública y sin resultados en calidad del espacio público. Además, esta meta se mide por población residente, y la tendencia de nuestras ciudades es tener cada vez más población flotante, que demanda y ocupa temporalmente los espacios públicos con alta intensidad e impacto en los entornos, sin mecanismos de gestión responsables y sostenibles.

Gran parte de los problemas en el espacio público se dan por externalidades de los usos del suelo en los espacios privados: establecimientos que atraen visitantes sin solucionar sus estacionamientos, locales que generan ruido, publicidad y desperdicios. Eventos que usan calles y ciclovías sin planes de manejo de impactos o riesgos.

Los Planes de Ordenamiento Territorial, la reciente ley contra el ruido y numerosas iniciativas ciudadanas en temas como arte, cultura, innovación o renaturalización urbana tienen posibilidades de enriquecer las formas de gestionar y controlar nuestros entornos, para lo cual los modelos de gestión institucional deben abrirse a sistemas cooperativos que permitan mayor corresponsabilidad y gestión urbana compartida.

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Inversión inteligente en primera infancia en Bogotá y su retorno…

Inversión inteligente en primera infancia en Bogotá y su retorno social

Escrita por: Carolina Suárez – Gerente técnica.

Ha sido bastante estudiado y demostrado el impacto social que tiene la inversión pública en primera infancia, incluso en columnas previas hemos analizado los efectos de las políticas hacia esta población. Este artículo presentará los efectos de estas políticas en el Distrito Capital y los beneficios sociales que los jardines infantiles tienen sobre las cuidadoras.

Colombia es uno de los países referentes en la región en la discusión, definición y concreción política en relación con el desarrollo integral infantil, la garantía de derechos y la prestación de servicios a la primera infancia. Si bien aún hay temas por trabajar, como los relacionados con la medición del desarrollo integral, que contiene aspectos filosóficos y conceptuales que complejizan las decisiones relacionadas con los instrumentos a utilizar, así como variables e indicadores para medir el impacto sobre niñas y niños, las evaluaciones en el país han evidenciado resultados positivos.

En el caso de Bogotá, el Plan de Desarrollo Distrital ‘Bogotá Camina segura’ 2024-2027 se puso como meta incrementar la cobertura de servicios de atención integral y la construcción de un sistema de aseguramiento de calidad para los servicios de primera infancia. Durante 2025 Econometría, contratada por la Secretaría Distrital de Planeación, realizó una evaluación de operaciones y resultados de los jardines infantiles de la Secretaría Distrital de Integración Social (Sdis). Esta evaluación demostró resultados positivos y puntualizó algunos aspectos que deben servir a la Administración Distrital para lograr, de mejor manera, las metas y compromisos que adquirió.

Por un lado, se evidenció una contribución positiva al desarrollo integral de niñas y niños en relación con la seguridad en sí mismos y en el mundo que les rodea, con la comunicación a través del lenguaje y el movimiento y con la experimentación y el pensamiento lógico, visto desde la perspectiva de sus cuidadores. Este resultado se incrementa por cada mes de asistencia y alcanza su máximo alrededor del cuarto o quinto mes, donde luego la relación empieza a perder fuerza; esto pone sobre la mesa la necesidad de garantizar no sólo el acceso, sino sobre todo la permanencia de las niñas y niños en los servicios.

En cuanto al goce de derechos, debe ser un resultado fundamental que niñas y niños crezcan en contextos que garanticen sus derechos, en materia de cuidado, protección, nutrición y salud. En el estudio se evidenciaron prácticas de crianza cálidas y amorosas por parte de las personas cuidadoras, que evidencian el apoyo brindado a ellas en el fortalecimiento de las pautas de crianza y cuidado.

En cuanto a la nutrición, la evaluación encontró que la asistencia a los jardines genera tendencias positivas en la relación peso/talla por cada mes adicional de asistencia de las niñas y niños, por lo que se pudo concluir que existe un retorno positivo a la inversión realizada en salud pública preventiva. En relación con la salud, se constató que el servicio de jardines actúa como un vehículo eficiente para garantizar derechos básicos de salud, lo que puede traducirse en el futuro en menores costos sociales y sanitarios.

Pero además de los efectos sobre niñas y niños, hay un efecto muy poderoso sobre las personas cuidadoras, que en su mayoría son mujeres, ya que los jardines habilitan la autonomía personal y económica de ellas. Casi cuatro de cada cinco cuidadoras (79.1%) reportan tener más tiempo disponible para su cuidado personal y el 71.9% para actividades de descanso y recreación gracias a la asistencia de sus hijas e hijos a los jardines sociales.

En contraste, solo un tercio de las cuidadoras tiene más tiempo para buscar trabajo o para trabajar más horas. Es claro que el tiempo liberado es una condición necesaria pero no suficiente para la inclusión laboral, por lo que se requiere abordarlo de una manera más articulada institucionalmente desde las iniciativas y estrategias de inclusión laboral de las mujeres que tiene la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico. Frente a este último aspecto, los jardines nocturnos se constituyen en una alternativa crucial para apoyar las necesidades laborales específicas de algunas mujeres, que sin este servicio no podrían realizar sus actividades.

Si bien estos resultados son positivos, la salud mental de las cuidadoras es un punto clave a trabajar, tanto por sus efectos en el desarrollo y cuidado de las niñas y niños, como en variables sociales, económicas de salud pública. Sobre esto, el estudio encontró una alta prevalencia de estrés y agotamiento en las cuidadoras (cercano al 60%), lo que puede limitar los efectos positivos sobre uso del tiempo, y que indican a la Administración Distrital una necesidad de articular su oferta y focalizarla a este grupo de mujeres, utilizando los jardines como una plataforma para su difusión y promoción. Estos resultados son aún más preocupantes en los jardines nocturnos, por lo que si bien, como se dijo anteriormente, los servicios son necesarios para ciertas trabajadoras, también hay en ellas una necesidad mayor de atención por sus niveles de tristeza y de depresión.

La evaluación también hizo un análisis de costos-efectividad de los jardines que permitió concluir que, si bien hay modalidades más costo eficientes en términos de la relación costo vs logros en desarrollo, como son los Jardines diurnos y los Jardines Nocturnos operados directamente por la Sdis en sus respectivos grupos de análisis, hay otros tipos de jardines que, a pesar de tener costos unitarios más altos, pueden ser la mejor, y a veces la única alternativa para las necesidades de ciertos grupos en la ciudad. En consecuencia, la provisión de estos servicios es fundamental para garantizar los derechos de poblaciones vulnerables y culturalmente diversas.

Aun así, e independientemente de las modalidades en la prestación de los servicios, la evaluación encontró que aumentar la cobertura y optimizar la ocupación de cupos puede maximizar la eficiencia de la inversión actual, en la medida en que se alcance una cobertura cercana a los cupos máximos definidos. El Distrito debe tener en cuenta, no solo los costos unitarios, sino también las capacidades de infraestructura, la atención efectiva a las necesidades particulares de los entornos, y la composición poblacional en las localidades atendidas. La evaluación demuestra que los Jardines Infantiles son una inversión estratégica con alto retorno social, lo que aporta sustento a la apuesta del Plan Distrital de Desarrollo de aumentar cupos para la atención de niñas y niños entre los 0 y los 5 años, pero también aporta a la decisión política luces sobre aspectos que, no siendo directos de los servicios, deben ser reconocidos y abordados para garantizar dicho retorno. La alta prevalencia de estrés y agotamiento en cuidadoras, por ejemplo, exige atención para que la transformación del tiempo liberado se constituya en un verdadero acceso a la autonomía económica.

Nota: si quiere conocer los resultados de la evaluación, los puede consultar en el siguiente link: https://www.sdp.gov.co/gestion-socioeconomica/evaluacion-politicas-publicas/evaluaciones/evaluacion-de-operaciones-resultados-y-costo-efectividad-de-jardines-infantiles-sdis

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La inflación en Colombia es un problema fiscal

La inflación en Colombia es un problema fiscal

Escrita por: Julián Roa, coordinador de proyectos.

A comienzos de 2025, los analistas consultados por el Banco de la República anticipaban una inflación cercana al 4% y un desempleo alrededor del 10%. Sin embargo, la realidad fue distinta: hacia octubre, la inflación superó el 5% y el desempleo se ubica cerca del 9%. Este desajuste entre lo proyectado y lo observado plantea una pregunta central: ¿qué explica esta diferencia en los pronósticos?

En enero de 2024, se publicó en este espacio una columna titulada “2024: desinflación sin dolor” en donde se presentó una estimación sencilla de la curva de Phillips en Colombia, que es una relación no lineal entre la brecha del desempleo diferencia entre la tasa de desempleo y la tasa de desempleo no inflacionaria y la inflación. Para referencia, el Grupo de Análisis del Mercado Laboral del Banco de la República estima que la tasa de desempleo no inflacionaria en 2025 se ubica alrededor del 10%. En esa columna, se argumentó que, durante 2024, Colombia bajaría la inflación sin mayor costo en el desempleo puesto que Colombia se encontraba en la parte empinada de la curva. En la siguiente gráfica se presenta una versión actualizada.

En esta nueva gráfica se conserva la estimación original de la curva de Phillips, tal como se mostró hace más de un año, y se incluyen dos nuevos elementos. El primero es una línea que muestra la trayectoria conjunta de la inflación y la brecha del desempleo desde noviembre de 2023 hasta diciembre de 2024. El segundo son los puntos que recogen lo sucedido con la inflación y el desempleo durante 2025.

Como se puede notar, el ajuste del modelo después de 2023 es bastante bueno. Durante 2024 la inflación cayó sin mayores cambios en la brecha del desempleo, mientras que en 2025 los puntos se acumulan alrededor del pronóstico que hace la curva de Phillips. Ante una brecha del desempleo cercana a 1 punto porcentual, la inflación básica promedio es de alrededor de 5%, que es precisamente lo que hoy se observa. Esto implica que, si se hubiera pronosticado correctamente el descenso en la tasa de desempleo, el modelo probablemente también habría acertado en la inflación. Así, surge la pregunta: ¿qué explica el aumento de la inflación y la caída del desempleo?

La respuesta es que Colombia está recibiendo varios choques de demanda que reducen el desempleo y presionan al alza la inflación. Prueba de ello se encuentra en las últimas cifras de crecimiento del PIB. El Dane reportó un crecimiento de 3,6% en el tercer trimestre de 2025, significativamente superior a la expectativa de 3% de los analistas. Al revisar los componentes de este crecimiento, destaca la expansión de 14,9% del consumo del gobierno, seguida por un aumento de 4% en el consumo de los hogares. Por su parte, las importaciones crecieron cerca de 10% y ya superaron los niveles de 2022. Finalmente, la inversión apenas aumentó 2% y se mantiene por debajo del nivel prepandemia.

En otras palabras, el crecimiento reciente ha estado jalonado por el consumo del gobierno y de los hogares, factores que no amplían la capacidad productiva ni el crecimiento de mediano plazo, pero sí presionan los precios al alza.

El origen principal del problema inflacionario en Colombia está en las finanzas públicas. En los últimos tres años, el déficit fiscal ha sido significativamente mayor al proyectado en los planes financieros y en los marcos fiscales de mediano plazo. Durante el gobierno de Gustavo Petro, estos documentos de planeación -que deberían dar al mercado una guía sobre la trayectoria del déficit y de la deuda pública- han sobrestimado el recaudo tributario y subestimado el gasto público.

En el caso de 2025, en enero los analistas esperaban un déficit fiscal de entre 4% y 6% del PIB, en línea con el Plan Financiero de 2025 publicado en febrero por el Ministerio de Hacienda. Luego, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo publicado en junio, el Ministerio informó que el déficit de 2025 sería del orden de 7,1% del PIB. Hoy, el mercado espera un déficit entre 7% y 9%.

Si desde los propios documentos guía de Hacienda cambia de manera tan drástica el panorama fiscal -en la entidad que mejor conoce la situación de las finanzas públicas-, es difícil que los analistas podamos ofrecer una imagen acertada de la economía colombiana. De hecho, es posible mostrar que una parte importante de la desviación del pronóstico de comienzos de año proviene de este cambio en el panorama fiscal.

Según el estudio titulado “Will It Hurt? Macroeconomic Effects of Fiscal Consolidation” de Jaime Guajardo, Daniel Leigh y Andrea Pescatori, una reducción del déficit fiscal de 1 punto del PIB se asocia con un aumento de 0,2 puntos porcentuales en la tasa de desempleo en el primer año. Si tomamos esos estimativos y los comparamos con el incremento de alrededor de 2 o 3 puntos del PIB en el déficit fiscal (dependiendo de qué tan acertadas sean o no en las proyecciones del Ministerio de Hacienda), tendríamos una reducción de cerca de 0,4 a 0,6 puntos porcentuales en la tasa de desempleo solo en este año, sin contar los efectos acumulados de los déficits abultados de los años anteriores.

Así, es creíble que una parte muy relevante de las presiones inflacionarias provenientes del mercado laboral tenga su origen en la situación fiscal del gobierno. Si a esto se suman otras decisiones, como los recientes incrementos del salario mínimo, no sorprende que la inflación se mantenga elevada y que el Banco de la República no pueda bajar la tasa de interés.

Hoy, la inflación colombiana es ante todo un problema fiscal. Por eso, la primera recomendación tanto para el gobierno actual como para el siguiente es volver a poner en orden las cuentas públicas. En las condiciones presentes, una consolidación fiscal ordenada y creíble no es “freno al crecimiento”; por el contrario, es una condición necesaria para que baje la inflación, se reduzcan las tasas de interés sin sobresaltos y la inversión pueda por fin recuperarse.

En esa misma línea, resulta vital que los aspirantes a la Presidencia de la República presenten con claridad sus propuestas fiscales y expliquen cómo piensan enfrentar este problema. Sin una estrategia creíble para corregir el desequilibrio fiscal, cualquier promesa de crecimiento sostenido, baja inflación y mayor empleo será, sencillamente, poco creíble.

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La Política Nacional del Cuidado: Ahora podemos cuidarlas…

La Política Nacional del Cuidado: Ahora podemos cuidarlas también a ellas

Escrita por: David Orjuela, consultor de Econometría.

En febrero de este año, el Gobierno Nacional expidió el documento Conpes 4143 en donde presentó la Política Nacional del Cuidado que busca transformar la organización social del cuidado en Colombia con un horizonte hasta 2034, que busca garantizar el goce efectivo de los derechos de las personas cuidadoras, incluyendo el derecho a cuidar en condiciones dignas, así como el derecho a recibir cuidado, apoyo o asistencia. Esta política tiene una visión amplia del cuidado, puesto que lo reconoce como un derecho fundamental y un pilar para el sostenimiento de la vida en interdependencia.

El documento reconoce que los escenarios sociales (que son esos espacios geográficos, temporales e ideológicos donde las personas interactúan, creando y reconstruyendo la realidad social) de las personas cuidadoras se reducen debido al tiempo dedicado a esa actividad, especialmente cuando la persona cuidada tiene un alto grado de dependencia. Reconoce, además, que la población cuidadora no remunerada enfrenta una falta de acceso a servicios especializados en salud mental y apoyo psicosocial, así como de espacios de respiro, todo lo cual limita su bienestar integral.

Por lo anterior, una de las estrategias de la Política Nacional del Cuidado es la de reconocer y proteger las prácticas de cuidado comunitario y colectivo, como las propias de comunidades campesinas y pueblos étnicos. En línea con lo anterior, uno de sus objetivos es el de promover y fortalecer la asociatividad solidaria en las poblaciones relacionadas con el cuidado.

No es un secreto que la mayor parte de estas actividades de cuidado recae sobre las mujeres, ya que, según las cifras del Dane citadas en el documento citado, entre septiembre de 2020 y agosto de 2021 las personas cuidadoras no remuneradas de tiempo completo ascendieron a 6,8 millones, de las cuales 85,7% eran mujeres. También se afirma que la dedicación promedio diaria al cuidado no remunerado es de 7 horas y 44 minutos entre las mujeres, y de 3 horas y 6 minutos para los hombres.

Así mismo, según la Encuesta de Calidad de Vida del Dane, los hogares con jefatura femenina han pasado de 38% en 2019 a 46% en 2024. De estos hogares, en 2024, se estima que 69% son monoparentales; es decir, en 2024 tres de cada diez hogares en Colombia son hogares con jefa mujer sin cónyuge. Esto demuestra la importancia que tiene el diseño de estrategias enfocadas en mujeres cuidadoras y/o jefas de hogar para, además de mejorar su situación económica y sus condiciones materiales, construir y reforzar redes de apoyo o círculos de amistad, especialmente cuando el vínculo entre estos elementos con el bienestar mental y el empoderamiento de las mujeres ha sido ampliamente evidenciado.

Así, por ejemplo, un estudio reciente realizado en Econometría Consultores para evaluar el impacto social que tuvo un programa de capacitación textil sobre las mujeres de un municipio de Boyacá, demostró que los mayores resultados de esta estrategia están relacionados con el mejoramiento de la salud mental, la autoestima y las redes de apoyo de las mujeres participantes. Este programa, diseñado e implementado por una fundación de una empresa carbonera de Boyacá, está orientado principalmente a mujeres dedicadas oficios del hogar (55% de las beneficiarias se dedican a ello). Allí se les imparten diversos cursos de costura y tienen la oportunidad de compartir espacio con otras mujeres estudiantes, supervisoras e instructoras.

En estos espacios las mujeres participantes no solamente tienen la posibilidad de adquirir conocimientos técnicos especializados, también tienen la oportunidad de dialogar, socializar, crear tejido social y compartir con otras mujeres en las cuales también encuentran problemas, sueños y vivencias similares a las suyas. Esto les da la oportunidad de sentirse acompañadas, escuchadas y entendidas. Así lo demuestran los datos, pues 73% de las participantes estuvo de acuerdo en que, gracias a los cursos textiles, se sienten más seguras y capaces de realizar actividades que antes consideraba difíciles, así como de afrontar de una mejor manera situaciones adversas; mientras 71% de ellas concordó en que pertenecer al programa les permitió contar con un grupo de apoyo, conformado por profesoras y compañeras, para obtener consejos y buscar soluciones a problemas de la vida diaria.

Estos hallazgos se traducen en un mejoramiento real y medible de la calidad de vida de las participantes, ya que, una vez monetizados todos los beneficios sociales generados por el programa a través de la metodología del Retorno Social de la Inversión (Sroi por sus siglas en inglés), aproximadamente 84% de estos beneficios monetarios se asocian al mejoramiento de las redes de apoyo de las participantes y de su autoestima.

Iniciativas como esta brindan excelentes antecedentes y casos de estudio, con resultados evaluados, para que el Gobierno trace estrategias y líneas de acción que apunten a mejorar la calidad de vida de las mujeres cuidadoras y/o jefas de hogar, principalmente en aspectos a los que, generalmente no se les da especial importancia, como lo son su autoestima o su dimensión social.

Así pues, la expedición Política Nacional del Cuidado es una oportunidad única para reconocer y mejorar la calidad de vida de las mujeres que a diario se esfuerzan por sacar adelante su hogar y que, con su trabajo no remunerado, contribuyen al crecimiento económico del país, pues su esfuerzo ha sido determinante para que gran parte de la población aprenda a hacer actividades tan importantes como leer, socializar y cuidar, sin lo cual, la producción e intercambio de bienes y servicios no sería posible.

Y no solo se trata de crear programas orientados a otorgar subsidios o salarios, que son muy merecidos, sino también de cuidar otras dimensiones de sus seres, como facilitar y crear espacios en donde puedan construir comunidad, para que, viéndose reflejadas en sus pares, puedan compartir experiencias, socializar y sanar heridas que normalmente ocultan en su interior para no incomodar o preocupar a quienes cuidan y que, por lo tanto, dependen de ellas.

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Más horas en el colegio ¿Una solución?

Más horas en el colegio ¿Una solución?

Escrita por: Olga Lucia Romero, María Camila Arias y Martha Isabel Gutiérrez

Cuando pensamos en el colegio, muchas veces imaginamos una jornada completa: clases en la mañana, recreo, almuerzo, y más clases en la tarde. Pero esa no es la realidad para todos los niños, niñas y jóvenes en América Latina. En la región, millones de niños estudian solo 5 horas al día en promedio, 27,5 horas a la semana, frente a un promedio de 32 horas a la semana para países de la Ocde (ver https://blogs.worldbank.org/en/latinamerica/educacion-el-poder-de-las-escuelas-de-tiempo-completo). A los bajos niveles de tiempo escolar se suman brechas en la calidad del aprendizaje. Los resultados más recientes de las pruebas Pisa (2022) revelan que tres de cada cuatro estudiantes en América Latina y el Caribe no alcanzan el nivel mínimo de competencias en matemáticas, y en lectura, más de 55% se ubica también por debajo del umbral básico de comprensión lectora. Tanto Colombia como Paraguay obtuvieron resultados inferiores al promedio de la Ocde en Pisa 2022: el puntaje promedio en matemáticas fue de 383 puntos para Colombia frente a 475 puntos en los países Ocde, y Paraguay (junto con República Dominicana) se ubicó entre los más rezagados con alrededor de 338 puntos. Según estimativos del BID y Banco Mundial (Banco Interamericano de Desarrollo y Banco Mundial (2024)) estos puntajes equivalen a entre 5 y 7 años de diferencia en escolaridad comparados con los estándares de la Ocde. Estas cifras muestran que no solo estamos enseñando menos tiempo, sino también con menor efectividad (Arias, E., Giambruno, C., Morduchowicz, A., & Pineda, B. (2024)). Las brechas en el tiempo que pasan en el colegio y en la calidad de la educación afectan las oportunidades futuras de niños, niñas y jóvenes ¿Qué se puede hacer al respecto?

Una de las propuestas que ha tomado fuerza en la región para reducir estas desigualdades es una jornada ampliada en colegios oficiales, denominada Jornada Escolar Extendida, JEE, en algunos países o jornada única en Colombia. La idea es que los estudiantes permanezcan más horas en el colegio, idealmente con acceso a más horas de clase en áreas básicas, tiempo para el desarrollo de actividades artísticas, deportivas o de apoyo escolar, con los materiales, equipos y docentes con los perfiles adecuados, buscando siempre un balance entre las diferentes asignaturas que mejore el bienestar y motivación de los estudiantes.

La lógica es simple: si el tiempo en el colegio es una oportunidad para aprender, ampliar esa jornada puede ser una herramienta poderosa para cerrar brechas. Una reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, (Gamberini, Gambi, & Vinacur, 2025) analiza experiencias internacionales y regionales de la JEE, destacando su potencial para mejorar aprendizajes, reducir desigualdades y fomentar el desarrollo integral. De igual forma, se resalta que la JEE puede adoptar diversas formas, según las necesidades educativas y los contextos específicos: extensión moderada del horario escolar, Jornada Escolar Completa, escuelas en tiempo integral con currículo diversificado y actividades extracurriculares obligatorias. Pero la clave está en los detalles: ¿cómo se implementa?, ¿con qué recursos?, ¿para qué se usa ese tiempo adicional?

La evidencia muestra una asociación positiva entre el aumento del tiempo escolar y el rendimiento académico, aunque con matices importantes. La gráfica muestra que para la mayoría de los países de América Latina existen mejoras moderadas en el desempeño académico con la extensión de la jornada escolar, a pesar de las diferencias en las modalidades de extensión. Se identificó también que este efecto es usualmente mayor para las poblaciones más vulnerables, lo que evidencia que la JEE puede ayudar a cerrar brechas. Específicamente, una evaluación del Programa de Jornada Extendida en Paraguay, realizada en 2024 por Econometría Consultores con apoyo de Equilibrium, mostró que los estudiantes que participaron en la jornada extendida mejoraron su rendimiento académico, especialmente en matemáticas en tercero de primaria.

En Colombia también hay evidencia de efectos positivos. Una evaluación de la Jornada Única realizada por Econometría Consultores junto con SEI en 2019 (ver https://sinergia20app.dnp.gov.co/evaluaciones/1170), registra disminución en tasas de deserción y reprobación, así como mejoras en pruebas de lenguaje de quinto grado y matemáticas de noveno grado. Un hallazgo común es que el efecto depende mucho de la calidad de la implementación: no se trata solo de quedarse más tiempo en la escuela, sino de qué se hace en ese tiempo, de los recursos con que se cuenta, y del apoyo se le proporciona a docentes y a estudiantes (Radinger & Boeskens, 2022).

Ahora bien, más horas de clase no son gratis. La jornada extendida requiere de planes de estudio institucionales (PEI) actualizados a la JEE, más tiempo de los docentes de áreas básicas y docentes especializados en áreas como deportes, artes, tecnología, todo lo cual puede significar ampliación de la planta docente, formación de la misma, nuevos perfiles y redefinición de cargas académicas. También se necesita alimentación escolar de calidad durante todo el año escolar, y mejoramiento en infraestructura, dotación, equipos y materiales, entre otros. Por eso, algunos estudios señalan que podría no ser la medida más costo-efectiva si el objetivo fuera únicamente el de mejorar resultados académicos medidos en las pruebas estandarizadas (Alfaro, Evans, & Holland, 2015). Sin embargo, su valor va más allá de mejoras en las pruebas estandarizadas. Es necesario tener en cuenta que la jornada extendida también puede ayudar a prevenir riesgos sociales, reducir el tiempo que los niños pasan solos en casa o en la calle, y facilitar la participación laboral, especialmente de las madres. En definitiva, más horas en el colegio no garantizan por si solas mejor calidad de la educación. Bien utilizada, la JEE puede ser una herramienta poderosa para ayudar construir una sociedad más educada, más productiva, y más equitativa.

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Sí es posible el empleo y la formalización laboral en el agro

Sí es posible el empleo y la formalización laboral en el agro

Escrita por: Yanira Marcela Oviedo Gil, Arturo García Durán - Econometría, y Yezid Botiva - Gerente de SEI

El empleo es la principal fuente de generación de ingresos de la población, luego, es una herramienta poderosa para impulsar la prosperidad y crecimiento económico. En 2024 la principal actividad económica en la ruralidad colombiana continuaba siendo la agropecuaria, que generó 53,2% de la totalidad de los puestos de trabajo, seguida de lejos por el comercio con 9,1%. Además, en la ruralidad el comercio y otras actividades dependen en buena medida de la dinámica de la actividad agropecuaria. También es relevante mencionar que, según el Ministerio de Agricultura, el sector agrícola que más había crecido en la última década había sido la palma de aceite con casi 600.000 hectáreas y cerca de 7.000 productores, de los cuales 72% eran a pequeña escala y 31% eran mujeres.

Adicionalmente, a finales de 2024 la empresa Soluciones Estratégicas de Información, SEI, financiada por Fedepalma, levantó una encuesta muy detallada del empleo directo en el sector de palma de aceite en Colombia durante 2023. De los resultados de la encuesta presentados en la 21a Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite, realizada del 23 al 26 de septiembre de este año, vale la pena resaltar los resultados sobre el nivel de formalidad.

La encuesta permite examinar la evolución laboral en el sector respecto a una primera encuesta que se realizó en 2016 en compañía del Dane, pues son comparables y mantienen la metodología propuesta por el Dane. A partir de esta información un estudio de SEI en el que Econometría hizo análisis se encontró que entre 2016 y 2023 el empleo directo en el sector palmicultor se incrementó en 37,9%, evidenciando la ampliación contundente de esta actividad económica en el país y su importancia como generador de oportunidades laborales.

Ahora bien, el empleo se transa en el mercado laboral con la particularidad de que lo transado (el trabajo realizado) no se puede separar del vendedor (el trabajador). Por ello, la relación entre empleadores y trabajadores cobra especial importancia; la calidad del empleo y las condiciones adecuadas son relevantes para optimizar la productividad y el bienestar. En ese sentido un indicador clave es la formalidad laboral, el cual, especialmente en el sector rural y agropecuario ha sido un asunto rezagado en Colombia. Según cifras del Dane, la formalidad laboral en el trimestre marzo-mayo de 2025 rondaba 44,1%, mientras que esta cifra en el sector rural fue de solo 16,2% y de 15,6% en el agropecuario.

Para analizar la formalidad en el sector palmicultor se preguntó por el tipo de vinculación del personal. Se encuentra que los principales tipos de vinculación en 2023 fueron el contrato a término indefinido (35,5%) y el contrato a término definido (26,6%). En otras palabras, estos dos tipos de vinculación se usaron casi en dos de cada tres vinculaciones. Esta información, contrastada con la obtenida para 2016 exhibe un cambio estructural, pues en ese año la principal forma de vinculación era el contrato por prestación de servicios, obra o labor (23,9%), seguida del contrato a término indefinido (20,7%) y a término fijo (19,3%) (Ver gráfica). Los resultados indican que en la palmicultura colombiana ha habido un fuerte proceso de aceleración de adopción de las prácticas del segmento formal de los mercados laborales.

Cuando se contrasta este panorama con los tipos de contratación a nivel nacional y rural, se encuentra que únicamente 39,2% de los trabajadores tenían estos tipos de contratos, mientras que para el total rural fue únicamente de 14,2%. Entonces, los resultados apuntan a un mayor grado de formalidad en la palma de aceite respecto a la generalidad de la ruralidad colombiana. Esto es más claro aún si se consideran los métodos de vinculación de jornaleros y propietarios y familiares sin remuneración fija como trabajos informales. Así se podría estimar que 86,4% del empleo en el sector palmicultor durante 2023 correspondería a empleo formal.

Los resultados logrados por la palmicultura en formalización entre 2016 y 2023 estuvieron mediados por esfuerzos que ha hecho el sector por reducir la figura de tercerización o intermediación y posiblemente por el apoyo recibido de la Organización Internacional del Trabajo y del Ministerio del Trabajo para promover acuerdos de contratación directa y formalización laboral.

Dada la dinámica del sector, a Colombia le resulta conveniente apoyarlo. Si bien durante 2023, la palma de aceite presentó buenos precios, los periodos de lluvia fueron favorables y hubo una alta demanda de biocombustibles para generar energía, lo cual promovió la producción y mejoró el bienestar de los productores; el sector enfrenta retos importantes debido al incremento de la inseguridad, actos violentos, extorsión y problemas de orden público que incluso han llevado al bloqueo de las principales vías de acceso, imposibilitando la entrada y salida de insumos, producción e incluso la movilidad de los trabajadores. Por lo tanto, es clave que sectores como este, dinámicos en la generación de empleo, y en especial, empleo formal, incrementen su actividad y prosperidad en favor del empleo en el campo. También es conveniente que otras actividades rurales aprendan de esta experiencia y la apliquen.

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¿Y si aprovechamos las oportunidades laborales en el…

¿Y si aprovechamos las oportunidades laborales en el resto del mundo?

Escrita por: Yanira Marcela Oviedo Gil – Econometría y Catalina Arenas-Ortiz - Equilibrium.

La globalización ha hecho que no solo se transen bienes y servicios alrededor del planeta, sino también oportunidades. Hemos aprendido que es posible aumentar el bienestar general cuando se diseñan y se ponen en práctica políticas públicas y regulaciones que organizan esas transacciones mediante una institucionalidad sólida, tal como lo han señalado expertos como Stiglitz, Sala-i-Martin, Rodrik y Bhagwati, entre otros.

Ahora bien, la interconexión mundial también ha despertado aún más el interés por atraer mano de obra extranjera para solventar brechas laborales locales. Esto se ha materializado mediante flujos migratorios de trabajadores, con el riesgo de que el país de origen experimente pérdida de personal valioso para su crecimiento económico y social, lo que frecuentemente se conoce como “fuga de cerebros”. Además, cuando los flujos migratorios no son ordenados o regulares, el país de destino puede enfrentarse a retos para aprovechar de manera efectiva el recurso humano que recibe y los trabajadores corren el riesgo de caer en redes de trata o explotación.

En los últimos años, la emigración de colombianos ha experimentado un aumento significativo. Según cifras de Migración Colombia, en 2022 se presentó la mayor salida de colombianos en la historia reciente, fueron 547.000 personas solo en ese año. Esto fue 2,7 veces el promedio anual registrado entre 2012 y 2021. Además, en 2023 se sumaron 446.000 personas a ese éxodo. Los colombianos salieron principalmente a Estados Unidos (30,6%), México (13,4%) y España (12,5%) (ver gráfica). Las cifras también permiten ver que, en ese año, 307.000 personas reportaron que su salida del país estaba motivada por trabajo o negocios.

El impacto económico para Colombia de estas migraciones se refleja en el fuerte crecimiento de las remesas, que han pasado a ser un componente crucial del ingreso de hogares colombianos. Según el Banco de la República, en 2022 las remesas crecieron en un 10%, superando por primera vez los US$10.000 millones. En 2023 se presentó otro crecimiento de 7%, mientras que en 2024 se registró un crecimiento de 15%.

Si bien las migraciones laborales pueden tener vocación de permanencia, también es cierto que estos movimientos pueden ser temporales, estacionales, pendulares o circulares, es decir, trabajadores que migran laboran y regresan a Colombia repetidamente. También ocurre que las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones habilitan el trabajo remoto y el teletrabajo, lo que implica que incluso la persona que trabaja se ubique en terceros países, más allá de su país de origen o del país destino del trabajo.

En el contexto mundial de transición demográfica que hará cada vez más escaso el recurso humano, es clave contar con políticas públicas de movilidad laboral que promuevan la gestión y aprovechamiento de la mano de obra y las vacantes de trabajo que se generan más allá de las fronteras nacionales, incrementando el crecimiento y el bienestar social.

En Colombia existen algunos instrumentos bilaterales que permiten ordenar los flujos laborales. Uno de ellos es un acuerdo de flujos migratorios con España que está vigente desde 2001. En ese momento ambas naciones notaron que España tenía vacantes laborales que no podían llenar sus connacionales, mientras que Colombia tenía una mano de obra relevante disponible para cubrir esas vacantes. Por ello, se firmó este acuerdo con el propósito de favorecer la migración laboral, promoviendo el respeto a los derechos humanos, previniendo migraciones clandestinas y la explotación laboral.

Aunque el acuerdo inició su funcionamiento tímidamente y España tuvo un periodo de recesión económica alrededor de 2014, desde 2023 se ha dinamizado. Operado por el Sena, entre enero de 2023 y mayo de 2024, el acuerdo logró un flujo migratorio de 2.682 trabajadores, con la particularidad que la gran mayoría de quienes participaron en él lo hicieron en el sector agrícola y de manera circular. Es decir que fueron a España, trabajaron por un periodo de entre cuatro a siete meses principalmente en labores de recolección de frutos y regresaron a Colombia. Este movimiento puede repetirse cada año en contratos que tienen una duración total de hasta cuatro años y que pueden renovarse.

Otro instrumento que tiene Colombia es un proyecto que busca ordenar la migración laboral de personal cualificado, especialmente en enfermería, construcción, electricidad y entre otros, hacia Alemania. Se trata del proyecto Team (Trabajadores Especializados para Alemania) operado por el Servicio Público de Empleo (SPE), en él se brindan cursos de alemán, auxilios económicos y acompañamiento en los trámites de visa y homologación de ocupaciones. El proyecto inició con un piloto en diciembre de 2021 y desde entonces ha evolucionado con convocatorias sucesivas, la más reciente de las cuales se abrió en marzo‑abril de 2025. Además, Colombia y Alemania firmaron una declaración conjunta con el propósito de atraer jóvenes al mercado laboral alemán y evitar procesos de asilo por parte de colombianos sin perspectivas de éxito en Alemania.

Este tipo de iniciativas muestran avances importantes, aunque también enfrentan desafíos. Por eso, es clave que los resultados de sus evaluaciones -como las que ha liderado el Banco Mundial- sean analizados cuidadosamente y sus resultados apropiados por los actores claves que juegan un rol en la migración laboral. A partir de hallazgos como estos, sería valioso construir una posición nacional estratégica como parte de la política de gestión integral del capital humano en el país. Es preciso conocer qué tipo de vacantes están disponibles para los colombianos, qué habilidades requieren, cómo será el acompañamiento y apoyo a los trabajadores que hagan parte de los flujos migratorios, cómo podrán acceder a sus derechos y gozar de bienestar y cómo incide todo esto sobre la actividad económica. Además, a nivel institucional resultará clave identificar los roles de los Estados, los recursos que se destinarán para ello y cómo se implementarán y articularán, qué método de monitoreo se aplicará y cómo se intervendrá ante situaciones que pongan en riesgo a los migrantes.

Sobre los flujos laborales transnacionales ordenados hay mucho por hacer. La política pública requiere claridades e instrumentos para aprovechar las capacidades de las personas, las buenas vacantes en el mundo y garantizar que esto sea también una oportunidad de desarrollo para los países de origen.

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