Polarización política y desarrollo económico
Escrita por: Arturo García y Nury Bejarano, directores de proyectos.
El mapa de Colombia que muestra los municipios en que ganaron De La Espriella o Cepeda es enormemente ilustrativo. Muestra un claro patrón geográfico, casi de libro de texto, de una situación centro/periferia. Cepeda ganó en la mayoría de los municipios de la periferia, mientras De La Espriella lo hizo en la mayoría de los municipios del centro. La fuerte polarización en la que se encuentra el país en buena medida está asociada a esa marcada división territorial.
Pero ¿qué hay detrás? Algunos trabajos realizados en Econometría Consultores aportan al respecto. El primero, realizado en 2014 para el Departamento Nacional de Planeación sobre regalías, donde tuvimos el privilegio de contar con la asesoría de James Robinson, premio Nobel de economía en 2024. Las regalías deberían verse como un recurso temporal y significativo, que debe usarse para cambiar las condiciones de desarrollo. En tal sentido, iniciamos mirando la evolución de la pobreza entre 1.985 y 2.005 tomando como referencia las necesidades básicas insatisfechas reportadas en los censos de población. Se tomó ese indicador porque podía estimarse para todos los municipios.
El análisis comparativo de los mapas da muchos elementos. En primer lugar, muestra la gran reducción de la pobreza que ha tenido el país. En segundo lugar, se ilustra el marcado desarrollo de las principales ciudades en el centro, que además ha jalonado los municipios circundantes. En tercer lugar, en contraste con el comentario anterior, algunos municipios en la periferia muestran reducciones significativas de la pobreza, pero no jalonan municipios vecinos, como si se trataran más de enclaves. Desde hace ya bastante tiempo el país ha venido consolidando un modelo tipo centro/periferia en su desarrollo, que más recientemente se está reflejando en lo político.
¿Qué puede explicar el haber llegado a esta situación? Otro trabajo de Econometría Consultores de 2014 aporta elementos adicionales. En “Dinámicas de uso de tierras para la agricultura y el comportamiento de los precios del suelo rural” elaborado para la Misión para la Transformación del Campo se estimaron funciones de crecimiento de las áreas sembradas, que mostraban un comportamiento aparentemente contra intuitivo. El mayor crecimiento del área sembrada se estaba dando en las áreas más apartadas, con menores niveles de competitividad, menor densidad y mayor violencia.
Sin embargo, ese comportamiento es “racional”. Para un productor agropecuario el primer paso es la búsqueda de tierra. Por la especulación con el precio de este recurso, el productor tiende a terminar en la periferia (según se comprobó con modelos econométricos espaciales) en una lógica que se denominó “dinámica perversa de ocupación territorial”. En este proceso se va ampliando la frontera agrícola, donde la tala de bosques genera flujo de caja y la existencia de economías ilegales en esa periferia permite conformar “clústeres autárquicos”; los pequeños productores aportan los alimentos que requieren esos grupos ilegales, ante la imposibilidad de traer suministros de otras regiones por razones de seguridad.
Con el tiempo los productores esperan que vayan llegando los bienes públicos anhelados, lo cual haría viable las actividades productivas y valorizaría el trabajo invertido. Lo grave es que, si eso lograse darse, como ha sido en algunos casos, los determinantes de ese comportamiento llevarán a proseguir en la ocupación territorial, ampliando aún más la frontera agrícola, repitiendo nuevamente ese ciclo. Si bien con estos desplazamientos a la periferia se tendría acceso a la tierra, ante la falta de bienes públicos, se termina afectando el rendimiento productivo y las condiciones de bienestar de la población.
Los efectos negativos de esta dinámica son numerosos. El primero es el ambiental, en la medida que se propicia la deforestación. Además, como no puede generarse una actividad competitiva, se crean condiciones para una permanente demanda de bienes públicos que no es posible satisfacer (problema que se agudizará con la crisis fiscal actual). Consecuentemente, la población que allí reside va a tener un descontento permanente, que la hace susceptible al desarrollo de cultivos ilícitos, minería ilegal o en casos extremos, a vincularse a grupos armados al margen de la ley.
Esta situación tiene un contraste marcado. Tenemos una gran frontera agrícola (más de 40 millones hectáreas), que poco se usa adecuadamente (menos de 6 millones de hectáreas sembradas y una ganadería extensiva). Esta información general, adquiere su dimensión con un dato gráfico. En un estudio realizado para la embajada de Noruega en 2022 encontramos que, al norte de Bogotá, el centro urbano más grande el país, donde se cuenta con todos los bienes públicos las tierras con vocación productiva en un 46% están dedicadas a pastos.
Se trata de un tema, que el nuevo gobierno debe contemplar en el plan de desarrollo, mientras que está pendiente la discusión de la ley de competencias, mediante la cual se espera que aumente la participación de las regiones en el presupuesto nacional. Como plantea el informe sobre desarrollo del Banco Mundial en 2009 “Una Nueva geografía económica”, las posibilidades de tener un mismo nivel de desarrollo productivo el interior de un país no es realista, ni deseable; si embargo, si debe apostarse por cerra las brechas en lo que respecta al desarrollo social. Un tema para el cual el ordenamiento territorial es fundamental.
El país debe ocuparse plenamente por razones de soberanía, pero no es factible un desarrollo productivo tradicional desconociendo la dinámica en la periferia. Ello equivaldría a que frente a un problema de uñas por deficiencia de calcio se recomendara simplemente una manicure. Deben diseñarse, y aplicarse, esquemas de presencia del estado y de desarrollo que rompan ese círculo vicioso de desforestación, pobreza y actividades ilegales; con énfasis en el centro, más que en la periferia.
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