En primer lugar, es fundamental que la restricción sea socializada a los estudiantes desde la pedagogía, y no desde la prohibición. Naturalmente, los estudiantes van a presentar resistencia. Lo importante es que se exponga constantemente a los estudiantes los riesgos del uso del celular y que se les dé la oportunidad de expresar sus opiniones frente a la iniciativa. Sólo a través de las discusiones entre partes se podrá entender las necesidades de cada contexto y se podrá generar una restricción sostenible en el tiempo, en donde más allá de la prohibición se genere una cultura estudiantil por el uso adecuado de la tecnología. Adicionalmente, es importante que durante el proceso el cumplimiento de la restricción sea velado por el personal educativo.
En segundo lugar, es estratégico que la restricción a los celulares en los colegios venga acompañada del respaldo del personal educador. Si algunos educadores rechazan la iniciativa, es difícil que se pueda garantizar su cumplimiento adentro de la institución y esto implica que, más allá de la opinión personal del docente, se realicen jornadas pedagógicas en las que se exponga a los docentes los hallazgos científicos de estudios previos y se cree conciencia tanto de las ventajas, como de los riesgos, de exponer a los niños a los celulares. Esto permitirá que se diseñe una política matizada, que permita sacar el mayor provecho del uso del celular en contextos educativos, y minimice los riesgos durante las horas escolares.
En tercer lugar, es importante socializar la iniciativa con los padres o acudientes, para que ellos puedan respaldar la decisión desde los hogares. En principio, los padres pueden rechazar la iniciativa porque se sienten cohibidos de comunicarse con sus hijos, pero si se escuchan las necesidades de los padres, en paralelo al diseño de la iniciativa, se pueden trazar mecanismos que permitan que los padres sigan teniendo un canal de comunicación garantizado con los estudiantes en caso de emergencias, al mismo tiempo que se pueda restringir el uso de los celulares mitigando los riesgos.
Finalmente, es importante reconocer que, aunque ya existen varias iniciativas en el mundo que propenden por la restricción del celular en los colegios, una iniciativa exitosa puede fracasar en contextos diferentes, y esto aplica incluso adentro de un mismo país o municipio. El nivel de compromiso de los padres con la educación de sus hijos, la infraestructura del colegio, así como la coexistencia de actividades delictivas dentro de los colegios, puede dificultar el cumplimiento de la norma, y hasta poner en peligro a aquellos que velen por su cumplimiento adentro del plantel educativo.
En este sentido, más allá de promover la restricción de celulares en los colegios como una panacea, es importante adaptar al contexto sin perder la estrella polar: permitir las ventajas del uso del celular, minimizando los riesgos a los que están expuestos los estudiantes. Alguien habría pensado después de la invención del avión que lo mejor era prohibir su uso, ya que los riesgos de montar en uno eran muy altos frente a las ventajas de su uso. Pero tras muchas mediciones, y las investigaciones que hoy en día continúan tras cada catástrofe aérea, el avión se ha convertido en el medio de transporte más seguro del mundo. Prohibir por prohibir sólo retardará la exposición sin generar conciencia, y para esto es esencial que la restricción se diseñe en armonía con el contexto de cada colegio. Por esto, frente a la pregunta del primer párrafo, la respuesta es: depende de cómo; y para esto es importante medir los efectos de una restricción sobre las ventajas y riesgos del uso del celular, adaptado a cada contexto.