¿Y si aprovechamos las oportunidades laborales en el…

¿Y si aprovechamos las oportunidades laborales en el resto del mundo?

Escrita por: Yanira Marcela Oviedo Gil – Econometría y Catalina Arenas-Ortiz - Equilibrium.

La globalización ha hecho que no solo se transen bienes y servicios alrededor del planeta, sino también oportunidades. Hemos aprendido que es posible aumentar el bienestar general cuando se diseñan y se ponen en práctica políticas públicas y regulaciones que organizan esas transacciones mediante una institucionalidad sólida, tal como lo han señalado expertos como Stiglitz, Sala-i-Martin, Rodrik y Bhagwati, entre otros.

Ahora bien, la interconexión mundial también ha despertado aún más el interés por atraer mano de obra extranjera para solventar brechas laborales locales. Esto se ha materializado mediante flujos migratorios de trabajadores, con el riesgo de que el país de origen experimente pérdida de personal valioso para su crecimiento económico y social, lo que frecuentemente se conoce como “fuga de cerebros”. Además, cuando los flujos migratorios no son ordenados o regulares, el país de destino puede enfrentarse a retos para aprovechar de manera efectiva el recurso humano que recibe y los trabajadores corren el riesgo de caer en redes de trata o explotación.

En los últimos años, la emigración de colombianos ha experimentado un aumento significativo. Según cifras de Migración Colombia, en 2022 se presentó la mayor salida de colombianos en la historia reciente, fueron 547.000 personas solo en ese año. Esto fue 2,7 veces el promedio anual registrado entre 2012 y 2021. Además, en 2023 se sumaron 446.000 personas a ese éxodo. Los colombianos salieron principalmente a Estados Unidos (30,6%), México (13,4%) y España (12,5%) (ver gráfica). Las cifras también permiten ver que, en ese año, 307.000 personas reportaron que su salida del país estaba motivada por trabajo o negocios.

El impacto económico para Colombia de estas migraciones se refleja en el fuerte crecimiento de las remesas, que han pasado a ser un componente crucial del ingreso de hogares colombianos. Según el Banco de la República, en 2022 las remesas crecieron en un 10%, superando por primera vez los US$10.000 millones. En 2023 se presentó otro crecimiento de 7%, mientras que en 2024 se registró un crecimiento de 15%.

Si bien las migraciones laborales pueden tener vocación de permanencia, también es cierto que estos movimientos pueden ser temporales, estacionales, pendulares o circulares, es decir, trabajadores que migran laboran y regresan a Colombia repetidamente. También ocurre que las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones habilitan el trabajo remoto y el teletrabajo, lo que implica que incluso la persona que trabaja se ubique en terceros países, más allá de su país de origen o del país destino del trabajo.

En el contexto mundial de transición demográfica que hará cada vez más escaso el recurso humano, es clave contar con políticas públicas de movilidad laboral que promuevan la gestión y aprovechamiento de la mano de obra y las vacantes de trabajo que se generan más allá de las fronteras nacionales, incrementando el crecimiento y el bienestar social.

En Colombia existen algunos instrumentos bilaterales que permiten ordenar los flujos laborales. Uno de ellos es un acuerdo de flujos migratorios con España que está vigente desde 2001. En ese momento ambas naciones notaron que España tenía vacantes laborales que no podían llenar sus connacionales, mientras que Colombia tenía una mano de obra relevante disponible para cubrir esas vacantes. Por ello, se firmó este acuerdo con el propósito de favorecer la migración laboral, promoviendo el respeto a los derechos humanos, previniendo migraciones clandestinas y la explotación laboral.

Aunque el acuerdo inició su funcionamiento tímidamente y España tuvo un periodo de recesión económica alrededor de 2014, desde 2023 se ha dinamizado. Operado por el Sena, entre enero de 2023 y mayo de 2024, el acuerdo logró un flujo migratorio de 2.682 trabajadores, con la particularidad que la gran mayoría de quienes participaron en él lo hicieron en el sector agrícola y de manera circular. Es decir que fueron a España, trabajaron por un periodo de entre cuatro a siete meses principalmente en labores de recolección de frutos y regresaron a Colombia. Este movimiento puede repetirse cada año en contratos que tienen una duración total de hasta cuatro años y que pueden renovarse.

Otro instrumento que tiene Colombia es un proyecto que busca ordenar la migración laboral de personal cualificado, especialmente en enfermería, construcción, electricidad y entre otros, hacia Alemania. Se trata del proyecto Team (Trabajadores Especializados para Alemania) operado por el Servicio Público de Empleo (SPE), en él se brindan cursos de alemán, auxilios económicos y acompañamiento en los trámites de visa y homologación de ocupaciones. El proyecto inició con un piloto en diciembre de 2021 y desde entonces ha evolucionado con convocatorias sucesivas, la más reciente de las cuales se abrió en marzo‑abril de 2025. Además, Colombia y Alemania firmaron una declaración conjunta con el propósito de atraer jóvenes al mercado laboral alemán y evitar procesos de asilo por parte de colombianos sin perspectivas de éxito en Alemania.

Este tipo de iniciativas muestran avances importantes, aunque también enfrentan desafíos. Por eso, es clave que los resultados de sus evaluaciones -como las que ha liderado el Banco Mundial- sean analizados cuidadosamente y sus resultados apropiados por los actores claves que juegan un rol en la migración laboral. A partir de hallazgos como estos, sería valioso construir una posición nacional estratégica como parte de la política de gestión integral del capital humano en el país. Es preciso conocer qué tipo de vacantes están disponibles para los colombianos, qué habilidades requieren, cómo será el acompañamiento y apoyo a los trabajadores que hagan parte de los flujos migratorios, cómo podrán acceder a sus derechos y gozar de bienestar y cómo incide todo esto sobre la actividad económica. Además, a nivel institucional resultará clave identificar los roles de los Estados, los recursos que se destinarán para ello y cómo se implementarán y articularán, qué método de monitoreo se aplicará y cómo se intervendrá ante situaciones que pongan en riesgo a los migrantes.

Sobre los flujos laborales transnacionales ordenados hay mucho por hacer. La política pública requiere claridades e instrumentos para aprovechar las capacidades de las personas, las buenas vacantes en el mundo y garantizar que esto sea también una oportunidad de desarrollo para los países de origen.

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Más allá del SIN, columna para el Diario La República

Más allá del SIN

Escrita por: Benjamín Venegas, Socio - Director de Proyectos.

Durante las últimas semanas, en el país se han presentado varias discusiones sobre las características de la prestación del servicio de energía eléctrica del Sistema Interconectado Nacional, SIN. Por un lado, se ha discutido la posibilidad que el sistema se encuentra bajo cierto nivel de “estrés” debido a la alta dependencia de fuentes hídricas y las posibles dificultades en el suministro de gas. Por otro lado, se ha puesto de manifiesto la necesidad de mejorar la prestación del servicio, así como disminuir las tarifas al usuario, aspecto fundamental en algunas regiones del país. Sin embargo, si bien estos aspectos son clave para el debate, es igual de importante poner de manifiesto la cobertura y acceso del servicio de energía en las zonas más apartadas del país.

De acuerdo con datos del índice de Cobertura de Energía Eléctrica, Icee, de la Unidad de Planeación Minero-Energética, Upme, en ciertas regiones periféricas del país la cobertura del servicio de energía eléctrica no se encuentra garantizado para toda la población. Por mencionar algunos, departamentos como Vichada tienen una cobertura de 55%, La Guajira de 61% y Guainía de 77%.

Las zonas rurales del país tampoco son ajenas a esta situación. De acuerdo con la Encuesta de Calidad de Vida (Dane) a 2023 un 5,2% de los hogares de esas zonas, es decir, 634.000 personas, carecían del servicio de energía eléctrica.

En general, las regiones periféricas, que coinciden con las denominadas Zonas No Interconectadas, ZNI, presentan, al igual que las zonas rurales más alejadas, las menores tasas de cobertura del servicio, con la consecuencia directa de presentar menores niveles de desarrollo tanto económico como social. Sobre este último aspecto, distintos estudios han demostrado que el acceso a la energía eléctrica fomenta el desarrollo humano en tanto que permite mejorar las dimensiones de educación, salud y generación de ingresos.

En esa línea de estudios, Econometría recientemente desarrolló una consultoría para el Departamento Nacional de Planeación, DNP, en el que, entre otros, identificó los resultados para los usuarios del acceso a la energía eléctrica a través de proyectos financiados por los fondos públicos Fazni, Faer y Prone. El primero, el Fondo de Apoyo Financiero para la de las Zonas No Interconectadas, Fazni, centrado en la ampliación de cobertura de las ZNI, el segundo el Fondo de Apoyo Financiero para la Energización de las Zonas Rurales, Faer, enfocado en las zonas rurales sin servicio del SIN y el último el Programa de Normalización de Redes Eléctricas, Prone, que busca, como su nombre lo indica, la legalización de redes existentes.

Como resultado, Econometría estableció que el acceso a la energía eléctrica a través de estos fondos se relaciona con un incremento en el número de actividades desarrolladas en casa. Además, permite una mayor interacción entre los miembros del hogar, genera oportunidades para desarrollar de actividades productivas que incrementen los ingresos de los hogares, tiene efectos positivos sobre la salud por la posibilidad de refrigerar los alimentos, y reduce costos por la compra de productos perecederos en presentaciones de mayor cantidad y menor precio unitario.

¿Pero qué tan generalizado es el acceso al servicio de energía eléctrica a través de dichos fondos? Los datos consolidados muestran que durante el periodo 2015-2019, el aporte a la cobertura a través de la financiación de proyectos de los fondos Fazni y Faer es menor de 1% del total de usuarios de energía eléctrica del país y que los recursos financieros no se ejecutaron completamente. Es decir, que el aporte a la cobertura podría haber sido mayor, aunque esto hubiera requerido también una mejor estructuración y presentación de proyectos.

Con lo anterior, una oportunidad de mejora identificada en el estudio de Econometría tiene que ver con la generación de mayores y mejores capacidades en las entidades territoriales municipales en términos del acompañamiento, formulación, estructuración y presentación de proyectos a ser financiados. Sobre este aspecto, la evaluación recomendó reforzar las capacitaciones y asistencia técnica a las entidades territoriales vinculando como aliadas entidades de formación como puede ser el caso del Sena.

Relacionado con lo anterior, a nivel institucional, se identificó un rol central de los operadores de red debido a su papel protagónico en la estructuración de proyectos. Sin embargo, los criterios de calificación de los proyectos no ofrecen suficientes incentivos para una estructuración de estos que beneficie a los usuarios más distantes dentro de las zonas sin cobertura, que por esa misma situación son los más costosos de atender. Para solucionar esta situación se recomendó mejorar las señales al mercado en dos líneas: 1. Sugiriendo un estudio para redefinir los ponderadores utilizados para la calificación de las propuestas de proyectos a financiar de tal manera que se actualice su alineación con las políticas del país (en cuanto a priorización de zonas, de poblaciones o tecnologías), y 2. Recomendando una mayor interacción de los actores de los fondos a través de espacios colaborativos. En estos espacios no solo deberían participar entidades como el Ministerio de Minas y Energía, la Upme y el Ipse, sino también otras entidades a nivel ministerial y de otros sectores, así como las entidades territoriales.

Finalmente, en cuanto a la sostenibilidad de los proyectos financiados, la consultoría evidenció la existencia de algunos riesgos que podrían limitar el buen desarrollo de los proyectos financiados y la posterior operación de las soluciones energéticas implementadas. En este aspecto, se sugirió la adopción de una metodología para la gestión integral de los riesgos de toda la administración de los fondos, que considere los aprendizajes de los proyectos desarrollados hasta el momento para prevenir, monitorear y mitigar aspectos transversales a la operación de los fondos que podría llegar a presentarse y afectar sus resultados.

Por todo lo anterior, para el desarrollo del país es clave no olvidar que existen muchas zonas, y por tanto población, que aún no se encuentran cubiertos con el servicio de energía eléctrica. En esos casos, los fondos financieros Fazni, Faer y Prone han demostrado ser instrumentos adecuados para buscar el aumento de la cobertura y el mejoramiento de la calidad de la prestación del servicio, adoptando también soluciones energéticas que utilizan fuentes renovables de energía, lo cual conecta claramente con la prioridad de diversificar la matriz energética de Colombia y así mejorar su capacidad de autogestión eléctrica.

Si el lector desea conocer más detalles del estudio realizado, lo puede realizar a través de la página del DNP siguiendo el siguiente link: https://sinergia20app.dnp.gov.co/evaluaciones/1298.

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